I.
Libertad dentro de un frasco.
Cabalgar olas bajo un techo invisible
o cuestionar los límites,
buscar otra atmósfera, ascender.
II.
Driblar a toda velocidad
en una autopista de cristal;
mirar al cielo y sentir su forma,
su tacto, su ruido,
y no olvidarlo jamás.
III.
Deslizar por el mármol del amplio corredor;
salmón y turquesa infinitos,
Cementerio de negocios. Lágrimas de megafonía
desfasadas. Salmón, turquesa.
IV.
Ondas cristalinas
bailan con los rayos del sol digital.
Pétalos blancos,
nítidas y olvidadas texturas.
Respirar como en la infancia.
Detener el reloj con sólo pensar en ello.
V.
Terapia contra lo ordinario.
Volver a creer, a soñar,
a escuchar el Universo,
sus ritmos, sus frecuencias, su mensaje.
Veinte años en esta cabina;
lo adulto acaba muriendo, lo puro prevalece.
VI.
Retrocedes en la selva de la memoria
buscando tus propias huellas.
No dejaste pistas, ni notas, ni señuelos,
sólo tu sangre y la de otros,
sólo melodías muertas
y cristales rotos.
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